Me diagnosticaron diabetes tipo 1 a los nueve años, lo que cambió mi vida para siempre. En un momento era una niña normal de nueve años y al siguiente tenía que lidiar con los desafíos constantes de la diabetes, que incluían recibir varias inyecciones al día, aprender a contar los carbohidratos, múltiples pinchazos en los dedos y muchas noches sin dormir. Tenía mucho miedo porque no tenía idea de lo que era la diabetes tipo 1. Pensé que significaba algo sobre morir porque tenía "dia" en la palabra. Presentaba muchos síntomas, entre ellos, pérdida de peso, beber mucha agua, tener que ir al baño