Diálogos sobre la diabetes

Conozca a Rosa: Su historia de familia, valentía y cómo vivir plenamente con diabetes tipo 1.

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Woman smiles in an indoor garden decorated with autumn leaves and pumpkins.
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Hola, soy Rosa y fui diagnosticada con diabetes a los 13 años.

Este año me di cuenta de lo joven que era cuando mi hija mayor llegó a esa misma edad.

El diagnóstico fue como un balde de agua fría, porque a esa edad no entiendes realmente qué significa ni todo lo que vas a enfrentar. Mi mamá fue quien notó que algo no estaba bien, y fue de ella de quien escuché por primera vez la palabra “diabetes”. Gracias a ella, el diagnóstico fue de una manera más tranquila; llegamos juntos al hospital para enfrentarlo. Desde el primer minuto del diagnóstico he contado con el apoyo incondicional de mi familia, y eso hizo una gran diferencia en mi vida.

Vivir con diabetes significa estar 24/7 intentando mantener el control y, muchas veces, aprendiendo simplemente a seguir adelante. Con el paso de los años entendí que hay cosas que no puedo controlar, pero también aprendí que el cuidado diario y las decisiones que tomo sí dependen de mí.

Con el tiempo encontré a un gran hombre que abrazó conmigo todos los altibajos que trae la diabetes, acompañándome tanto en los buenos como en los malos momentos. Después vivimos dos embarazos. El primero fue un reto grande y difícil, porque todo era nuevo. Cada trimestre traía cambios diferentes y, justo cuando sentía que entendía una etapa, comenzaba otra completamente distinta. El segundo embarazo fue un poco más sencillo porque ya sabía qué esperar y cómo reaccionar, entendiendo que siempre vendrán nuevas etapas a las que tendré que adaptarme y aprender de nuevo.

Cuando nos mudamos a USA tuve la oportunidad de tener acceso a un Dexcom y después a una bomba de insulina. Esto ha sido algo que me ha ayudado mucho a llevar una mejor calidad de vida. Con estas tecnologías tengo más control y puedo tomar mejores decisiones.

Hoy, la diabetes es una palabra normal en nuestra casa. No es una palabra de miedo, sino una realidad con la que vivimos día a día. Estos 27 años me han enseñado disciplina, fortaleza y a valorar cada momento. La diabetes forma parte de mi vida, pero no define quién soy.