Diálogos sobre la diabetes

Conozcan a Roe: demostrando que la diabetes tipo 1 no puede detener un sueño de división.

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Volleyball player in black jersey, number 10, with diabetes devices on both arms.
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El 17 de octubre de 2016 marcó el inicio de un desafío que me ha marcado para siempre. Me diagnosticaron diabetes tipo 1 a los casi 8 años. Siempre me han dicho que era muy madura para mi edad y que tenía una dedicación admirable. Compaginar una enfermedad autoinmune con las dificultades cotidianas de la escuela, los deportes y la vida social me enseñó que la perseverancia ya no era una opción, sino una necesidad.

A pesar de este obstáculo, mis padres siempre me dieron lo mejor. Nunca hubo un momento en que no estuviéramos en familia corriendo a algún evento deportivo o yendo juntos a la playa porque las olas estaban buenas. La vida era caótica pero constante, girando en torno al deporte.

Han pasado nueve años desde mi diagnóstico, nueve años de cambios que me trajeron incertidumbre e inestabilidad, pero me niego a que me defina. Empecé a jugar voleibol en octavo grado, sin dejar de practicar fútbol, esquí de competición y lacrosse. El voleibol pronto se convirtió en un refugio donde cualquier preocupación se disipaba al instante al pisar la cancha. La diabetes tipo 1 nunca me obligó a renunciar a lo que me apasionaba. Pude mantenerme activa, lo único que me ayuda a conservar la cordura.

En mi segundo año de preparatoria, entré al equipo de voleibol universitario y luego me convertí en titular. El listón estaba muy alto. Siempre me esforzaba por mantener un alto nivel de actividad física, de esos que te mantienen con el ritmo cardíaco acelerado. Detrás de las expectativas de ser titular en el equipo universitario siendo aún estudiante de primer año, tenía que demostrarles a todos que la diabetes no era una etiqueta que me definiera. No estaba dispuesta a rendirme. El deporte me dio confianza en mí misma, enseñándome que, a pesar de los desafíos, el trabajo duro y la dedicación siempre dan sus frutos.

Me comprometo con Stonehill College para jugar voleibol de la División I, con la esperanza de obtener un título en el área de negocios, donde planeo desarrollar las habilidades necesarias para convertirme en una líder exitosa. Como estudiante-atleta de la División I, continuaré esforzándome por adaptarme al cambio y a la disciplina que he aprendido a lo largo de los años.

Al comenzar esta nueva etapa de mi vida, espero inspirar a otros jóvenes atletas que viven con diabetes tipo 1, mostrándoles que un diagnóstico no los define. Vivir con diabetes tipo 1 no me ha impedido perseguir mis sueños, sino que me ha motivado a esforzarme aún más por alcanzarlos.